María José Tinoco, directora de Acción Social de SAMU: “Aquí siempre hay alguien que ve y valora tu esfuerzo”

María José Tinoco Rodríguez (Badajoz, 1970) cuenta con una experiencia de más de 30 años en servicios sociales. Llegó a SAMU en 2012. En plena pandemia del coronavirus, fue nombrada directora del área de Dependencia e Inclusión Social y, desde la primavera de 2024, asume la nueva
dirección de Acción Social

—Cuenta con una larga trayectoria en el ámbito de los servicios sociales. ¿Por qué decidió centrar su carrera profesional en este campo?
—Llevo trabajando 31 años, siempre en el ámbito de los servicios sociales, y durante 22 de estos años me he dedicado a la gestión de centros sociosanitarios, sobre todo de residencias de personas mayores y, luego, de recursos especializados en la atención de personas con discapacidad intelectual y graves trastornos de conducta. Realmente, llegué a la dirección de centros casi por accidente, sin saber la ventana que se me abría a grandes retos.

—¿Cuándo comenzó a trabajar en SAMU?
—Llegué a SAMU en 2012. Cambié de trabajo porque deseaba acercarme a mi lugar de residencia después de 11 años conduciendo 90 kilómetros diariamente. Cuando comencé a trabajar en SAMU, asumí la gestión de una residencia de mayores en el centro de Sevilla. Fue una etapa magnífica en la que descubrí el potencial de SAMU. Aquí encontré una gran oportunidad para desarrollar todo lo que había aprendido hasta el momento en la dirección de los centros. Además, en SAMU tomaba un lugar preeminente el respeto a los derechos de las personas usuarias. No me podía imaginar la trayectoria que viviría en SAMU. En esta organización se aplican valores tan importantes como la mejora continua, el compromiso con las personas, la iniciativa o la calidez, así como el concepto de empoderamiento de los profesionales y del liderazgo como pilar de las buenas prácticas. Aquí siempre hay alguien que ve y valora tu esfuerzo y compromiso.

—Antes de asumir la nueva dirección de Acción Social, ha sido directora del área de Dependencia e Inclusión Social de SAMU. ¿Cómo ha vivido esta etapa?
—En marzo de 2020, en plena pandemia del Covid-19, Carlos González de Escalada, presidente-director general de SAMU, me propuso asumir la dirección del área de Discapacidad, que fue como se llamó inicialmente. Realmente, el área en sí no existía, estaba todo por hacer. Es más, estaba sola. Comencé a coordinar los centros que ya existían, a darles unidad metodológica, con criterios de calidad. Y, paralelamente, comencé a entrar en el mundo de las licitaciones y los proyectos, los presupuestos y la relación con las administraciones. Poco a poco, fui contando con profesionales que sumaban competencias. Siento un profundo agradecimiento hacia las personas que colaboraron en un principio conmigo mientras continuaban en sus centros de trabajo. Son personas que, a día de hoy, continúan colaborando conmigo. Por otro lado, fue todo un reto escribir el libro Dirección de centros sociosanitarios en 2021 y crear la matriz de Calidad SAMS, también en 2021, que establece unos estándares necesarios para que nuestros centros sean magníficos. La creación de los Grupos de Reflexión Ética en los centros del área fue un plus. Ésta es una herramienta magnífica para vigilar internamente el respeto a los derechos de las personas usuarias.

—Recientemente, SAMU ha creado la dirección de Acción Social. ¿Qué engloba exactamente esta nueva dirección?
—En la primavera de 2024 me propusieron asumir la dirección de Acción Social, que engloba las áreas de Infancia y Familia, Dependencia e Inclusión Social, y la de Atención Socioeducativa y de la Mujer. SAMU quiere contar con una persona que tenga voz en espacios de decisión en el ámbito de las operaciones de la acción social, que pueda darle unidad técnica a todos nuestros servicios y que sea el apoyo de las direcciones de área en el desarrollo de su actividad.

—¿Qué necesidades se intentan cubrir con esta nueva dirección?
—El propio crecimiento y desarrollo de la organización ha generado la necesidad de completar el organigrama con alguien que conozca la dinámica de los centros y el resto de las competencias que asumen las direcciones de área, y que, al mismo tiempo, ayude a impulsar otras materias trasversales como la implantación digital, el plan de igualdad y otros procedimientos de gestión. La dirección de Acción Social se crea para darle unidad a todas las áreas mencionadas. Asume las funciones de dirección de operaciones en el ámbito de la atención a las personas vulnerables y puede participar en decisiones estratégicas de la organización desde el conocimiento de la realidad de la intervención social. Más de 2.000 profesionales trabajan en las tres áreas que integran la dirección de Acción Social, por lo que es indudable la incidencia de SAMU en muchas personas vulnerables a través de sus programas.

—¿Qué ha significado para usted este ascenso?
—Este nombramiento lo interpreto como una muestra de confianza en mi trabajo y mi lealtad a la organización. Creo que es un reconocimiento, nunca demandado ni esperado por mi parte, y que agradezco. Pero también soy consciente de que no viene exento de esfuerzo, deshoras y responsabilidad, pues cualquier decisión que tome afecta a muchas personas. Cada cargo que he ostentado me ha requerido entrega, esfuerzo, dedicación y aprendizaje. Nunca me he acomodado. Con cada cambio he asumido un mayor nivel de responsabilidad, pero siempre sobre unos cimientos bien asentados que me han impulsado al siguiente nivel.

—¿Cuáles son los principales retos a los que se va a enfrentar como directora de Acción Social de SAMU?
—Los inicios no son fáciles, sobre todo los que afectan a la gestión de personas, de equipos. De momento, tengo que ponerme al día con el contenido del resto de las áreas. Paralelamente, estamos incrementando los esfuerzos en la implantación digital, la innovación, la apertura de nuevos centros y servicios, la revisión de protocolos y procedimientos, la gestión de la calidad… Hay muchos aspectos trasversales que hay que ordenar para poder conseguir resultados unificados.

—¿Qué significa SAMU para usted?
—Por SAMU no se pasa de puntillas. Sí o sí hay que implicarse. Esta organización te exige en la misma medida que te da autonomía para que te desarrolles profesionalmente. Han pasado 43 años desde que Carlos Álvarez Leiva, fundador de la entidad, se comprometiera con sus sueños, y ahora podemos hablar de SAMU Corporación. Estoy convencida de que no ha sido un camino fácil, ni tan siquiera ahora lo es, pero han sabido ver las oportunidades. Ha exigido una adaptación a los nuevos tiempos, nuevos retos, fortaleciendo a sus equipos, abriendo fronteras. En el horizonte de SAMU está su internacionalización, la digitalización, la innovación. Esto no se construye en un año. El camino ha comenzado y llegaremos al objetivo, como siempre. Esta empresa se caracteriza por asumir nuevos retos continuamente.

—¿Cuáles han sido los principales retos a los que usted ha tenido que hacer frente dentro de SAMU?
—Me costó un gran esfuerzo escribir el libro, de la misma manera que me ayudó a ordenar lo que sabía y lo que iba aprendiendo. También aprendí mucho con las primeras implantaciones de nuevos servicios, así como con el manejo de los pliegos de las licitaciones. Es importante adaptarse a los cambios de la organización, y casi nunca es fácil. He tenido que renunciar a cuestiones personales por el tiempo que me absorbía el trabajo, y también he tenido que aprender a gestionarlo. Aún ando en ello.

—¿De qué proyectos en los que ha participado de manera directa se siente más orgullosa?
—Lo tengo claro: la profesionalización del puesto de dirección en la residencia para personas con discapacidad intelectual San Sebastián de Cantillana (Sevilla), la construcción del área de Dependencia e Inclusión Social con la oportunidad de crecimiento profesional ofrecida a mi equipo, y la publicación del libro Dirección de centros sociosanitarios. El resto de los proyectos han salido gracias a la implicación de otras personas y otros departamentos.

Nueva ruta para promover la aeronáutica adaptada

Sevilla será escenario este año de la celebración de la I Jornada sobre Aeronáutica Adaptada de Andalucía, una iniciativa de Fundación SAMU y el Real Aeroclub de Sevilla, con la colaboración de la Asociación Tablada Centenaria, que tiene como objetivo acercar a las personas con discapacidad al mundo aeronáutico en su camino hacia la inclusión y la normalización social.

La celebración de esta jornada en otoño de este mismo año es uno de los puntos principales del convenio de colaboración rubricado en mayo entre el presidente-director general de SAMU, Carlos González de Escalada, y el presidente del Real Aeroclub de Sevilla, José Luis de Augusto Gil. Este acuerdo une las vocaciones de ambas entidades: promover la inclusión social y laboral de todas las personas, especialmente aquellas que tienen discapacidades físicas o psíquicas y otros colectivos que puedan sufrir riesgos de exclusión social.

En las jornadas sobre aeronáutica adaptada se pretende hacer posible que usuarios de centros de Fundación SAMU con discapacidad física y/o intelectual puedan tener una experiencia directa con la aviación, incluso con bautismos de vuelo, de la mano del equipo del Real Aeroclub de Sevilla, sus instalaciones y su flota de aviones, y con la colaboración de la Asociación Tablada Centenaria, a través de su vicepresidente, el coronel Carlos Rivero. SAMU atendió el año pasado a más de 250 personas con este perfil en los centros que gestiona en la provincia de Sevilla.

Experiencias profesionales

Este programa de colaboración pionero también contempla el desarrollo de experiencias profesionales en mantenimiento y mecánica aeronáutica para los jóvenes usuarios de centros de Fundación SAMU, en su mayoría, menores extranjeros no acompañados. SAMU atendió el año pasado a un total de 637 menores en sus centros de Andalucía. La entidad trabaja en su inclusión social y laboral a través de programas específicos.

El Real Aeroclub de Sevilla, con casi 200 socios y que realiza más de 1.000 vuelos al año tiene como uno de sus principales objetivos la promoción de un enfoque inclusivo en el ámbito de la aviación para individuos con diferentes capacidades físicas y cognitivas. Al mismo tiempo, promueve la conciencia y la educación sobre las necesidades y capacidades de las personas con diversidad funcional en este sector.

Su presidente, José Luis de Augusto Gil, es, de hecho, uno de los pioneros de la aviación adaptada en el país. Este piloto e ingeniero aeronáutico era uno de los especialistas de ensayos en vuelo del avión A400M de Airbus que se estrelló en Sevilla el 9 de mayo de 2015. Sobrevivió al desastre y su vida cambió. Tras recuperar su licencia de vuelo, fundó Newwings, que promueve la inclusión de personas con discapacidad en las actividades aeronáuticas del Aeroclub y se centra en el vuelo de aviones a motor adaptados para el uso por personas con movilidad reducida.

El programa impulsado por Fundación SAMU y el Real Aeroclub de Sevilla también contempla la creación de equipos de investigación y la producción y difusión de publicaciones conjuntas en los ámbitos de aviación e inclusión social. Ambas organizaciones ya trabajan en su desarrollo.

Tolerancia a través del viaje de ‘La barca de Hanielle’

Fundación SAMU se sumó a las celebraciones por el Día del Libro (23 de abril) de una manera muy especial. De la mano de Emilia Laura Arias, autora del libro La barca de Hanielle, el equipo de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de Fundación SAMU, a través de su trabajo en Educación para el Desarrollo Sostenible y Ciudadanía Global, acercaron a más de 70 estudiantes de Primaria y 15 docentes del Colegio Rural Agrupado (CRA) Cuenca del Najerilla en La Rioja una realidad desconocida para muchos.

En 2022, en la ruta migratoria hacia o a través de Europa, perdieron la vida 3.167 personas, la mayor parte de ellas en el Mediterráneo. La mitad de las personas migrantes del mundo proviene de países de ingresos bajos y emigran huyendo de la violencia, los conflictos armados, la pobreza o los desastres naturales. El viaje de la emigración ilegal, opción por la que optan la mayor parte de los migrantes porque no encuentran vías regulares para hacerlo, los enfrenta, además, a riesgos de trata, tráfico, violación y esclavismo, entre otros.

La barca de Hanielle relata una historia de migración con ilustraciones que funcionan en dos planos y muestran lo diferente que pueden ser dos vidas. Por ello, constituye un excelente vehículo para adentrar a niños y niñas en ese mundo y que logren comprender las causas de la migración irregular y los peligros a los que se exponen los niños y niñas que migran junto a sus padres (y en ocasiones solos). De esta manera, a la vez que cuestionan las desigualdades en el mundo, comprenden la importancia de la solidaridad y la empatía con las personas inmigrantes que llegan a sus comunidades.

El alumnado del CRA Cuenca del Najerilla, que lo componen siete centros en total, dio una excelente acogida a esta actividad, demostrando una implicación muy significativa. Gracias a las especiales gafas que el libro facilita, los estudiantes descubrieron las increíbles ilustraciones, dibujadas por Cintia Martín, que junto a la autora, Emilia Arias, les permitieron descubrir otro viaje, el del miedo en la travesía y la esperanza en una costa segura a la que arribar.

Este despertar de conciencia del alumnado quedó expresado en frases como: “Yo antes prefería que no vinieran a mi pueblo y ahora entiendo por qué están aquí. Ya entiendo que también vienen a convivir sin generar problemas”; “Hay personas que migran de otros sitios porque lo necesitan”; “Así nos damos cuenta de lo que tienen que pasar las personas inmigrantes, y que debemos tratarlas bien y aceptarlas”.
Los libros se quedaron en los centros educativos para que el alumnado pudiera llevarlo a casa, compartir la experiencia con su familia y continuar creando conciencia para construir, entre todos, un mundo más justo.

A estas jornadas llevadas a cabo el 23 y 24 de abril, se sumaron a otras actividades de Educación para el Desarrollo que, partiendo de un espacio intergeneracional, la delegación de Fundación SAMU en La Rioja, con sede en Alfaro, viene realizando en los últimos años con alumnos de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato de los centros educativos del municipio riojabajeño.

Nuestro agradecimiento profundo al equipo docente del CRA Cuenca del Najerilla y su directora por abrirnos las puertas, así como a los colegas de Sinergos, quienes nos acompañaron en estos dos días de charlas educativas.

Oxígeno desde La Rinconada hasta Hogar San José (Bolivia)

Fundación SAMU puso en marcha en enero, de la mano de la Fundación Alirio Henao-Hogar San José, el proyecto Apoyando el derecho a vida digna y desarrollo integral de niños y niñas con discapacidad múltiple del Hogar San José (Bolivia). El objetivo es mejorar el servicio de terapia respiratoria de los 53 niños y niñas con discapacidad que atiende el centro.

Este servicio venía siendo prestado en condiciones muy limitadas, pues el equipamiento obsoleto no permitía atender a todas las personas que lo necesitaban diariamente. A ello se suman los insuficientes recursos humanos especializados que tiene el centro.

A finales de marzo comenzaron a llegar al Hogar San José los nuevos equipos (nebulizadores, aspiradores, equipo de ultrasonido, autoclave, camillas, sillas de ruedas), que resolvieron algunos de los problemas que atravesaba el centro y permitieron garantizar el servicio diario. La calidad de los equipos también ha permitido reducir el tiempo dedicado a la terapia de cada menor, optimizando así la jornada del escaso personal.

“Nuestros niños y jóvenes con discapacidad múltiple del Hogar San José presentan dificultades respiratorias por muchas causas. Algunos de ellos tienen parálisis cerebral de tipo espástica, donde los músculos que se encargan de la respiración están comprometidos, por ello requieren esta atención permanente y continua que les permita poder respirar adecuadamente. Otro niños y niñas que atendemos por bajas defensas están expuestos a continuas infecciones de tipo respiratorio. Este equipo nos permite prestarle la atención preventiva y asistencial a tiempo y evitar mayores complicaciones que puedan representar un peligro para sus vidas”, señala Diana Cotacio, coordinadora del proyecto.

El equipamiento adquirido, cuyo costo asciende a 4.970 euros, ha sido financiado por el Ayuntamiento de San José de La Rinconada (Sevilla), un aliado de Fundación SAMU en su trabajo a nivel internacional. Esta es una muestra de que, con pocos recursos, bien utilizados, se pueden resolver problemas muy significativos en los países en desarrollo.

La celebración del Eid Al-Fitr, un festín de cultura y sabores

En el calendario islámico, el Eid Al-Fitr, la Fiesta de la Ruptura del Ayuno, marca el final del mes sagrado del Ramadán. Este año, ese día fue el 10 de abril. Además de ser una jornada de alegría, esta jornada tiene una gran importancia cultural y social para la comunidad musulmana, pues es una oportunidad para reunirse con familiares y amigos tras culminar un mes de sacrificio, autocontrol y reflexión espiritual.

Dado que los jóvenes beneficiarios del Programa JEM Córdoba de SAMU se encuentran lejos de sus familias y este día puede ser un momento de nostalgia y añoranza por las celebraciones familiares, el equipo de profesionales no quiso dejar pasar la oportunidad de organizar un evento para compartir y disfrutar de experiencias y tradiciones con los jóvenes, además de proporcionarles un espacio donde sentirse parte de una comunidad.

La actividad se celebró en el Mercado Victoria, un lugar gastronómico representativo de Córdoba que colabora estrechamente con Fundación SAMU y, en concreto, con el Programa JEM desde hace más de un año, pues proporciona prácticas formativas a nuestros jóvenes y ya ha contratado a tres de ellos.

Se organizó un taller de cocina donde los jóvenes pudieron disfrutar de una experiencia culinaria y cultural única. El objetivo era poder proporcionar a los chicos un espacio donde poder cocinar, compartir y degustar todos juntos una variedad de platos tradicionales asociados al Eid Al-Fitr. Tanto los jóvenes como el equipo profesional pudimos disfrutar de un día maravilloso. Fue una experiencia enriquecedora en un ambiente acogedor donde compartimos momentos y sabores exquisitos.

Los chicos expresaron su gratitud por la organización del evento, disfrutaron, lo compartieron con sus familias a través de videollamadas y fotos y, al mismo tiempo, fue un momento de encuentro y convivencia entre los jóvenes de distintas viviendas del programa.

LAURA CAÑUELO ROMERO
/ Coordinadora Programa JEM Córdoba

La internacionalización de la acción social de Fundación SAMU

Fundación SAMU, a través de su área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria, organizó el 6 de mayo la jornada Es tiempo de cooperar, en la que la organización puso en marcha desde Sevilla la fase final de validación de su Estrategia de Cooperación Internacional para el Desarrollo 2024-2026.

En el encuentro, en el que participaron unas 50 personas, se consolidó la propuesta de este documento que pone el foco de atención en las personas y sus derechos, en concordancia con la Agenda 2030, y que recoge también las expectativas de vida digna de las poblaciones en los países donde la entidad coopera.
“La jornada Es tiempo de cooperar busca presentar y poner en común el documento de la Estrategia de Cooperación Internacional para el Desarrollo de Fundación SAMU para enriquecer su contenido y asegurar la implicación de la organización. En los próximos meses tendremos como resultado una hoja de ruta para su validación final. Ha sido un buen momento para profundizar en el conocimiento sobre el trabajo de cooperación de las personas de reciente incorporación al equipo de Fundación SAMU y del área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria”, señala la coordinadora de éste área, Roxana Pintado.

La jornada, en un formato de reflexión interna, reunió en Sevilla al equipo directivo de Fundación SAMU, encabezado por el presidente-director general, Carlos González de Escalada Álvarez, y el director general adjunto, José Antonio Trujillo; además de todas las delegadas y delegados territoriales en España, los técnicos de todas las áreas de la organización, y representantes de empresas del Grupo SAMU que son aliadas en el trabajo de cooperación internacional, como el Instituto SAMU de Investigación Científica y Escuela SAMU. También participaron, aunque a distancia, representantes de organizaciones locales de Bolivia, Burundi, Colombia y Marruecos con las que Fundación SAMU colabora.

La Estrategia de Cooperación Internacional de Fundación SAMU nace de un proceso de reflexión colectiva que tiene dos propósitos: continuar profundizando la práctica solidaria de la organización en los países en desarrollo, y poner en valor, más aún si cabe, toda la experiencia ganada por Fundación SAMU en la intervención social poniéndola al servicio de las comunidades del sur global en las que SAMU trabaja, contextualizándola y adaptándola a las condiciones locales.

“Esta estrategia se fundamenta en varios puntos. En primer lugar, el alineamiento con la Agenda 2030 y las políticas de cooperación española y europea. En segundo lugar, un análisis profundo de la realidad de los países en los que SAMU coopera, que se basa tanto en la información oficial como en las demandas expresadas por las familias y comunidades en nuestro acercamiento a ellas. En tercer lugar, una priorización sectorial coherente con los planes de desarrollo nacionales y locales y con la experiencia propia de nuestra organización. Otro punto es la adopción de enfoques transversales en todas nuestras acciones: el enfoque basado en derechos humanos, el enfoque de igualdad de género, el medioambiental y el intercultural, que garantizan un marco de actuación centrado en las personas y su bienestar sostenible. Y, por último, la integralidad de la intervención, al abordar la cooperación en el sur también a través de la Educación para el Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Global, generando conciencia sobre las causas de las desigualdades en el mundo en la sociedad española”, explica Roxana Pintado.

Durante la jornada se recorrió, en la misma dirección de la estrategia de SAMU, el panorama mundial y la situación de los principales sectores de intervención que se han propuesto; los países, líneas estratégicas y sectores priorizados; los principales resultados del área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria en 2023 y de los primeros meses de 2024; las proyecciones para el resto del año y el arranque de 2025; y los principales desafíos que tiene la organización hacia adelante. “También hubo tiempo para, a través de un divertida dinámica, identificar cómo podemos implicar más a las áreas de servicios sociales de Fundación SAMU en España en los proyectos de cooperación internacional”, continúa Pintado.

Los principales proyectos

Entre los principales proyectos de cooperación para el desarrollo que Fundación SAMU tiene en marcha destacan uno en Bolivia y tres en Marruecos. Estos proyectos se enfocan en la mejora de servicios y condiciones para personas con discapacidad y en la atención psicológica a personas que sufrieron los efectos del terremoto de Marrakech de septiembre de 2023. Además, se ha implementado un proyecto de educación para el desarrollo en Sevilla que busca sensibilizar a la población sobre el aporte positivo de las comunidades migrantes en nuestros barrios.

De estos proyectos se benefician y participan 1.723 personas (1.065 mujeres y 658 hombres). Se trata de más de 170 personas con discapacidad a las que se atiende directamente, alrededor de 280 madres, otras 300 cuidadoras, 120 profesionales de los servicios de atención a personas con discapacidad y más de 573 padres y hermanos. Además, a estos datos hay que sumar otras 100 personas afectadas por el terremoto en Marrakech (Marruecos), fundamentalmente niños y niñas, que reciben atención psicológica.

El horizonte del área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de SAMU es inmenso y muy ambicioso. “En lo organizacional, pretendemos concluir con la aprobación de los documentos rectores de la actuación. Es decir, además de la Estrategia, aprobaremos los planes estratégicos de Educación para el Desarrollo y de Acción Humanitaria para el período 2024-2027, que también fueron presentados en la jornada del 6 de mayo”, señala Roxana Pintado.

“En lo geográfico, queremos consolidar la presencia en los países priorizados, delegando personal expatriado para acompañar de manera más cercana aún los proyectos de desarrollo. Y en lo financiero, tenemos una gran cartera de proyectos que esperamos encuentre respaldo en las entidades con cuyo apoyo financiero podremos ponerlos en marcha, consolidando también la relación con los actores de la cooperación española. Nuestra meta de crecimiento para este año es superior al 100% respecto a 2023”.

Desde el área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de SAMU informan de que la organización tiene grandes expectativas de crecimiento y consolidación, por lo que los desafíos no son menores. “Tenemos hacia adelante el reto de adaptar los procedimientos propios a un crecimiento tan significativo de la actuación en Cooperación Internacional. Por suerte, Fundación SAMU es una organización con procedimientos muy establecidos y seguros que facilitarán esta adaptación. También nos enfrentamos al desafío de articular la intervención internacional (distinta a la de Acción Humanitaria, en la que nuestra casa es pionera y ejemplo) a la intervención social en España, para expandir la solidaridad hacia todos los sitios donde trabajamos”, indica Pintado.

Fundación SAMU pone a las personas en el centro de su acción desde 1998. Ahora toca continuar abriendo ese centro de atención hacia distintas latitudes de manera sostenida para que nadie se quede atrás.

José Luis de Augusto, presidente del Real Aeroclub de Sevilla: “Queremos normalizar la imagen de un piloto en silla”

José Luis de Augusto Gil (Sevilla, 1983) es piloto y un brillante ingeniero aeronáutico. Era uno de los especialistas de ensayos en vuelo del A400M que se estrelló en Sevilla el 9 de mayo de 2015. Sobrevivió al desastre y su vida cambió. Ahora trabaja por la inclusión de personas con discapacidad a través de la aviación adaptada. Además, preside el Aeroclub de Sevilla, que inicia colaboración con SAMU.

 

—Su vocación aérea, el sueño de volar, ¿dónde se sitúa? ¿Dónde está el origen?
—Desde siempre. No recuerdo un momento de mi vida en el que no quisiera ser piloto. Hasta los 16 años viví muy cerca del aeropuerto, igual eso me inspiró. Después va madurando la idea, a lo largo de la adolescencia, y uno va analizando cómo llegar hasta esa meta. Siempre tuve clara mi vocación por la aeronáutica y por ser piloto, aunque en mi familia no había tradición. Primero me preparé para ser piloto y después me planteé estudiar Ingeniería Aeronáutica.

—Pero empezó a volar joven. ¿Recuerda la primera vez?
—Exactamente la primera vez, no. Empecé a estudiar con 18 años. Cuando terminé el instituto entré en el Curso Integrado de Transporte de Líneas Aéreas, que eran tres años. Era una fase formativa que recuerdo con nervios, con la presión de hacerlo bien, de hacerlo cada día mejor y empezar a trabajar pronto.

—Ya era perfeccionista y autoexigente.
—Es cierto que, cuando hago las cosas, me gusta no ser el mejor desde el punto de vista competitivo, sino intentar profundizar en lo que estoy haciendo lo máximo posible. Por eso estudié Aeronáutica. Consideraba que lo de piloto estaba muy bien, pero que conocer aún más en profundidad cómo se diseña un avión o cómo son sus entrañas era fascinante.

—En 2008 recibió un premio especial de la competencia universitaria Arquímedes por su estudio de un generador de trayectorias globales para aviones. ¿En qué consistía?
—Estaba terminando la carrera e hice un proyecto sobre separación autónoma de aeronaves en el espacio aéreo. Es decir, hacer de manera automatizada la labor de los controladores aéreos; que los aviones, entre ellos, tengan capacidad de decidir trayectorias para separarse en vuelo y organizarse para aterrizar en aeropuertos de forma coordinada. Ahora están empezando a aplicarse estos temas. Fue una manera de empezar la vida productiva, digamos, aunque desde que terminé el curso de piloto empecé a trabajar como instructor. Cogía cada mañana el tren a las seis treinta y cinco para ir a Córdoba, volaba allí y regresaba para estar a las tres de la tarde en clase.

—¿Cuál fue su siguiente paso?
—Seguir avanzando. Di un paso muy importante al entrar en Airbus. Primero, en la parte de certificación.

—Sería, para alguien como usted, llegar a un gigante, entrar en un parque temático de la aeronáutica.
—Es curioso. Airbus tiene muchas facetas. Hay partes en las que no ves aviones ni en pintura, y otras en las que estás todo el día con un avión. Certificación era papeleo, documentación… Allí estás en contacto con la autoridad para poder certificar el producto, demostrar que aquello es seguro. Estuve un año en ese puesto y aprendí mucho, aunque lo que quería era estar en ensayos en vuelo. Entonces salió una vacante y le dije a mi jefe que quería irme a ese puesto bajo cualquier circunstancia. Se levantó y se fue. Pensaba que me echaban, pero fue a hablar con el responsable de ese otro equipo. Y así fue como empecé en el programa del A400M.

—Había llegado a la primera línea, a la vanguardia de la aeronáutica mundial.
—Sí, el programa estaba empezando. Había un equipo de gente joven, muy proactivo. El A400M era el niño mimado de Airbus a nivel europeo. Había recursos para hacer lo que quisieras. Me formaron como ingeniero de ensayos en vuelo. Hacíamos las pruebas de los aviones en vuelo antes de entregarlos al cliente, para su certificación.

—Había hecho un recorrido desde la parte más práctica de la aviación, pilotar y ser instructor, a convertirse en ingeniero y llegar a lo máximo, y además en muy poco tiempo. ¿Cómo lo vivió?
—Sí. Tuve suerte de poder, con 32 años, dirigir algo de esa magnitud. Me lo había currado, también es cierto. Fueron años duros, de mucho trabajo y estudios, pero, cuando estaba allí, pensaba: “no me lo creo”. Sin embargo, todo se cortó con el accidente. A veces me pregunto cómo habría evolucionado mi carrera dentro de la empresa, qué habría sido de mi vida profesional.

—¿Qué supuso el accidente?
—Era el momento cumbre del A400M. Mi jefe se había ido a Madrid y yo estaba al frente de ese apartado de ensayos, al 150% de rendimiento profesional, de trabajo y de dedicación. Y, de un día a otro, pasé del 150% al 0%. O a menos uno. Es duro, porque tienes tu vida, tu mente, tus objetivos y tu ritmo. Y, de repente, ¡plac! Aquí te quedas. Apareces en el hospital, sedado, con una lesión medular.

—¿Cómo lo recuerda? No ya la parte física, sino la parte emocional. Esa reconversión. Ese cambio de vida.
—Pues es duro. Es durísimo. Hay mucho conferenciante y mucho gurú por ahí que dice: “Es lo mejor que me ha pasado en mi vida”. Mentira. O estás un poco tocado de la cabeza, o no es verdad. O al menos no es mi experiencia. Tener un accidente y que cambie tu vida así no es lo mejor que te puede haber pasado. Yo tenía una vida plena y maravillosa, y si pudiera, la recuperaría, pero te tienes que saber adaptar a las circunstancias. Los dos primeros años fueron muy duros.

—¿Cómo lo superó?
—Pensé que, después de todo, había tenido una segunda oportunidad, y que debía tomármelo como tal. Una segunda oportunidad para hacer otras cosas.

—Cambió sus metas.
—Qué remedio. Dos años después, fui sensato y decidí que no podía seguir trabajando en Airbus. No me llenaba dedicarme a algo que no estuviera cerca del avión, de volar. Y, además, físicamente no me encontraba con capacidad para estar ocho horas trabajando delante de un ordenador. Ni antes ni ahora. Tengo una serie de dolores y secuelas que me limitan. En ese momento fue difícil, pero tuve que dejar la empresa. Y empecé a reinventarme. Así fue cómo apareció el tema de la aviación adaptada.

—¿Cómo apareció?
—Mis compañeros de Airbus me abrieron los ojos: “Puedes seguir volando”. Vi que podía retomar mi vida profesional y mi sueño, que era volar.

—Porque, tras el accidente, ¿no había valorado en ningún caso esa posibilidad?
—No, no. Para nada. Bastante tenía con intentar recuperar mi autonomía. Lo primero era intentar estar un día entero en actividad, sin tener que estar dos horas en la cama por dolores, y, a partir de ahí, pensar en otras cosas. Después, gracias al ánimo de mis compañeros, descubrí que había opciones. Vino un piloto italiano, Paolo, que tiene un avión adaptado, y ahí fue cuando me di cuenta de que podría seguir volando y trabajando como instructor de vuelo, es decir, seguir haciendo las cosas que me emocionaban antes.

—Entonces, ¿cómo fue el primer contacto con la aviación adaptada?
—Es que es muy básico, un avión adaptado no es nada complejo, solo tiene una adaptación mecánica, como un coche, salvando las distancias. Empecé a descubrir ese mundo, cómo funcionaba, y, a partir de ahí, empecé a aplicar mis conocimientos técnicos. Al final, soy ingeniero. Y soy piloto. Diseño cosas y las pruebo. Así se facilita todo mucho. Recuperé mi licencia de piloto, que me llevó un año, y volví a volar.

—¿La recuperó porque la había perdido? ¿No es posible ser instructor estando en silla?
—La normativa, el certificado médico, establece unos requisitos para obtener la licencia, como el carné de conducir, y no estar en silla de ruedas es uno de ellos. Pero, desde 2000, la normativa incluye un apartado específico que indica que puedes obtener la licencia si el hecho de no cumplir alguno de los requisitos no compromete la seguridad en vuelo, siempre que se valoren y analicen esas limitaciones de forma específica. En mi caso, con un avión adaptado puedo volar en perfectas condiciones. Creo que es una postura inteligente de la AESA (Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea). ¿Por qué vamos a limitar a las personas? Ahí es donde entra nuestra lucha día a día. ¿Qué afecta o no afecta a la seguridad de un vuelo? Tenemos muchas cosas que aportar, con un trabajo de sensibilización y de ofrecer datos y certezas. Entonces creamos un proyecto pionero, Newwings, dentro del Real Aeroclub de Sevilla, para que personas con discapacidad puedan ponerse a los mandos de un avión.

—Es un cambio técnico, pero también cultural, ¿no?
—Claro. Esta formación y homologación no solo aporta a una persona en particular, sino que contribuye a un cambio de mentalidad, a un cambio cultural. Imagina, por ejemplo, a las personas del control de seguridad del aeropuerto que ven entrar cada día o cada semana a una persona con discapacidad formándose para ser piloto. Primero está la sorpresa, pero después esa situación se va normalizando y así se transforman las mentalidades. Ahora vamos a San Javier, a un gran festival aéreo. Llevaremos dos aviones adaptados, con pilotos con discapacidad, y lo único que queremos es visibilidad. Habrá 300.000 personas que sabrán que hay aviones adaptados y que dentro de ellos van pilotos que utilizan silla de ruedas. Queremos normalizar la imagen de un piloto en silla. Trabajamos desde el punto de vista de las administraciones y de la normativa, pero también de sensibilización de la sociedad.

—¿Hay mucho trabajo por hacer en ese sentido?
—Sí, sí. Lo sabéis bien en Fundación SAMU. Las cosas van evolucionando y cambiando, pero es un tema cultural. Yo antes de tener el accidente había escuchado qué era una lesión medular, pero realmente no sabía lo que había. Incluso ahora me pasa con otros muchos tipo de discapacidad que ves desde fuera, sin saber qué está sintiendo esa persona. Hay que trabajarlo como sociedad. En este caso concreto, estamos ante un sector muy tecnificado y evolucionado como es la aviación. Y además tenemos al piloto, al que siempre se le ve como figura ideal. Esas ideas hay que romperlas. Lo mismo ocurre con otro sector como es el espacial: ¡cómo cambiarán las cosas el día en el que una persona con discapacidad vaya al espacio!

—De hecho, usted ya ha estado en ese proceso. Ha participado en una convocatoria de la Agencia Espacial Europea para ser astronauta. ¿En qué punto se encuentra esa aspiración?
—El proceso acabó en 2022. Fueron dos años. Pasé todas las fases. Quedé finalista con otras cinco personas. Al final fue una decisión condicionada por el tipo de discapacidad. Curiosamente, en un proceso en el que se busca la inclusión, se produce una situación no inclusiva, al elegirse no al mejor expediente, sino al perfil con menor discapacidad. Me sirvió para ver que hay otro campo de acción con mucho trabajo por hacer. Aprendí mucho.

—¿A qué dedica ahora su tiempo?
—A varias historias. Para empezar, tuve un hijo hace un año y medio. Así que he bajado un poco el ritmo. Sigo con el tema de la presidencia del Real Aeroclub de Sevilla y con la escuela llevando proyectos adelante, como la colaboración con Fundación SAMU. Además, puse en marcha una clínica de rehabilitación y entrenamiento personal en Los Remedios [Sevilla]. Y voy combinando esas facetas con otras muchas que van surgiendo, con mi inquietud.

—¿Y volar?
—Vuelo menos de lo que he volado en otras etapas de mi vida, pero sigo volando continuamente. Ahora selecciono mucho las cosas que me gusta hacer.

Idilio Escénico: un viaje hacia la expresión personal y la inclusión social

Hace casi ocho años nació en el seno de la Residencia San Sebastián, en Cantillana (Sevilla), un proyecto de expresión corporal entre los propios residentes del centro bajo la dirección de Alba Garrido, por aquel entonces educadora del centro. El proyecto evolucionó hacia la creación de una compañía de teatro que fue bautizada con el nombre de Idilio Escénico.

Tras un año de duro trabajo, montaje, muchas repeticiones para que los actores memorizaran sus movimientos y posiciones en el escenario, de nuevas incorporaciones y bajas inesperadas, de tardes buenas pero también de otras malas, la compañía Idilio Escénico debutó con la obra Sinergia en la Casa de la Cultura de Cantillana a finales de 2017 con motivo del Día de la Discapacidad. El debut fue un gran éxito. A partir de entonces no cesaron de representar la obra por diferentes puntos de la provincia de Sevilla.

Sin embargo, la pandemia del coronavirus paró en seco el proyecto. Esto y otras circunstancias impidieron que la compañía continuara creciendo hasta hoy.

El proyecto Idilio Escénico logró renacer con fuerza en febrero de este mismo año y se ha convertido en una iniciativa que va más allá de la mera expresión artística y se erige como un faro de inclusión social para las personas usuarias de los centros de atención a personas con discapacidad de Fundación SAMU de la provincia de Sevilla. De hecho, en esta segunda etapa del proyecto, ya no sólo participan usuarios de la Residencia San Sebastián, sino que también se ha empezado a desarrollar en la Residencia Santa Ana y en la Unidad de Estancia Diurna San Lucas, ambos centros en Sevilla capital. Además, las nuevas sesiones cuentan con la participación de personas voluntarias sin discapacidad.

Este proyecto es posible gracias a una subvención de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía, a través de la dirección general de Personas con Discapacidad.

“Idilio Escénico no es sólo un programa, es un viaje hacia la inclusión, la autoexpresión y el empoderamiento. Desde su inicio en 2016, este proyecto se ha convertido en una voz para aquellos que se enfrentan a desafíos similares”, explican desde Fundación SAMU.

Esta iniciativa no solo busca mejorar la calidad de vida de las personas que se atienden en Fundación SAMU, sino también proporcionarles un espacio donde puedan explorar, crear y crecer. Al alinearse con los valores de la organización, el proyecto promueve la inclusión, el bienestar emocional y la igualdad de oportunidades para todos sus participantes.

El equipo que hay detrás de Idilio Escénico, guiado por la pasión y la dedicación, ha desarrollado una metodología que fomenta la expresión artística sin límites. Con un enfoque en la danza comunitaria, el programa ofrece un ambiente seguro y de apoyo donde cada individuo es valorado y respetado por sus habilidades. A través de la exploración creativa y el trabajo en valores, se construye un espacio donde se celebra la diversidad y se fomenta la expresión personal.

Los beneficios que aporta esta actividad a los usuarios de los centros de Fundación SAMU son diversos: aumento de la autoestima (valoración y sentimiento de competencia con el trabajo realizado), reconocimiento (recompensa al esfuerzo realizado, sentirse realizado, útil y competente), admiración (reconocimiento de las habilidades de las personas de su entorno, así como la del propio individuo por su crecimiento y superación), emoción (reviven recuerdos, sentimiento de pertenencia al grupo), empatía y valores como la constancia y la responsabilidad individual y grupal.

“Desde sus inicios, Idilio Escénico ha sido mucho más que un programa, ha sido un faro de transformación. A medida que el proyecto continúa creciendo, su impacto se expande más allá de las paredes del centro. A través de actuaciones periféricas, actividades de sensibilización y participación comunitaria, Idilio Escénico se ha convertido en un modelo de acción cultural inclusiva, inspirando a otros a seguir su ejemplo”, señalan desde Fundación SAMU.

En estos dos meses desde que se retomó el programa, la compañía ha llevado a cabo acciones en diversos espacios de la provincia de Sevilla, como el Centro Cívico de Bellavista, el Centro Cívico Las Columnas en Triana, el centro de formación CAFA Cantillana y la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla.

Para dar a conocer el regreso de la compañía Idilio Escénico y el trabajo realizado desde febrero, Fundación SAMU organiza el I Festival de Arte Inclusivo Uniendo Voces, que se celebrará el 16 de mayo en el Centro Cultural de la Villa, en La Rinconada (Sevilla).

Con Idilio Escénico como anfitrión del evento y la participación de otros colectivos como la Asociación Paz y Bien o la Asociación Liman, este evento marcará un hito en el camino hacia la inclusión y será una celebración del poder transformador del arte.

Punto perfecto para el arroz de ISL Valencina

Este año las menores y los profesionales del ISL Valencina nos hemos aventurado a hacer algo completamente desconocido: participar en el XV Concurso de Paellas organizado por el Ayuntamiento de Gines (Sevilla). Desde el primer momento nos llamó la atención esta actividad, por lo que decidimos apuntar a las menores al concurso. La actividad suponía un gran reto tanto para educadores como para los menores del centro, pues no contábamos con una experiencia culinaria previa.

Sin pensar más en las barreras que pudieran suponer presentarse a dicho concurso, nos armamos de valor y el día 13 de enero a las 10:30 de la mañana, con todos nuestros preparativos e ingredientes, nos presentamos en el Parque Concejala Dolores Camino, en Gines, donde se iba a desarrollar el concurso. Es cierto que cometimos algunos fallos de principiantes, como que se nos olvidó llevar la paellera, cuchillos y una bombona que tuviera gas suficiente, pero bueno, esos son detalles que aclararemos a continuación.

Una vez situadas en el stand y llenas de incertidumbre, pudimos notar como el ambiente era tierno, amigable y cercano. La competitividad no era algo que primara puesto que nuestros vecinos paelleros se volcaron con nosotras en todo y pasamos una mañana de elaboración muy entretenida entre risas y carcajadas.

Esta experiencia permitió a las menores disfrutar de la convivencia vecinal, la cual es una excelente oportunidad para ampliar la red de contactos y entablar relaciones sociales con el entorno.

La actividad supuso la puesta en marcha de competencias como el trabajo en equipo, el liderazgo, la empatía, la comunicación y la confianza. Supimos solventar los contratiempos sobrevenidos y, a pesar de ellos, nunca perdimos el espíritu de participación en el concurso. Vivimos situaciones un poco estresantes, como el hecho de tener que ir corriendo en busca de una bombona en mitad del concurso puesto que nos quedamos sin gas. Sin embargo, este contratiempo nos hizo confiar en nuestra capacidad de resiliencia.

Tras un parón musical protagonizado por una banda rockera, llegó el momento de la entrega de premios. Nuestras esperanzas de ganar algo no eran elevadas, pero estábamos muy felices por el resultado exquisito y la gran cantidad de público que quería degustar nuestra paella. Tras 15 minutos de entrega de premios a todas las categorías existentes que pueda tener una paella, la concejala del Ayuntamiento de Gines que entregaba los premios giró su cabeza y mirándonos fijamente mencionó: “El segundo premio a la mejor paella es para… ¡las chicas de Valencina!”.

En esos momentos, todas saltamos de júbilo y nos dimos un abrazo. Acto seguido subimos al escenario y todos nos recibieron con gozo y alegría. Las chicas estaban muy contentas y, en ese momento, pensamos que todo el esfuerzo había mereció la pena. Habíamos hecho historia.

Anna: “Quiero ahorrar más dinero para comprarme mi propio equipo para jugar al hockey”

—¿Qué significa para ti haber participado en este concurso?
—Fue muy divertido, había muchísima gente en un espacio muy grande. También había muchas personas que querían participar y hacer su propia paella. Fue toda una fiesta.

—Teníais mucha competencia.
—Sí, no nos lo creíamos, cuando llegamos y vimos el ambiente que se respiraba nos quedamos muy sorprendidas.

—¿Habías cocinado antes una paella?
—No, nunca había cocinado antes, pero mis compañeras Amira y Houda sí que tenían más experiencia. Ellas me decían cómo tenía que cortar las verduritas y el resto de los ingredientes, dónde tenía que echar las cosas cortadas, cómo había que hacerlo en la sartén… Yo hacía de pinche. Al final nos salió muy buena.

—¿Cómo fue el momento del anuncio del premio?
—Fue una sorpresa. Ninguna nos lo esperábamos. Estábamos muy felices, nos pusimos a celebrarlo y luego nos llamaron para subir al escenario y darnos el premio, un marco de fotos donde ponía 2º Premio a la Mejor Paella y un diploma de agradecimiento por participar en la paella. ¡Ah! Y también nos dieron 100 euros.

—¿Qué vas a hacer con ese dinero?
—Quiero ahorrar más dinero para comprarme cosas para el hockey y así poder ir con mi propio equipo a las clases.

—¿Algo más que quieras añadir?
—Si, que me gustan mucho las actividades que hacemos en el centro porque nos permiten conocer más gente del pueblo.

Ruslana: “Me gusta que en el centro hagamos tantas cosas, espero que siga siendo así”

—¿Cómo has vivido esta experiencia?
—Al principio estaba muy nerviosa porque yo no sabía muy bien cómo cocinar la paella. Era la primera vez que lo hacíamos y no sabíamos si iba a salir bien, pero la educadora estaba con nosotras y nos ayudó en cada paso que teníamos que ir dando.

—¿Qué tipo de paella cocinasteis?
—De marisco y verduras.

—¿Qué te gustaría hacer con tu premio de 100 euros?
—Aún no lo sé. Creo que lo voy a ahorrar.

—¿En qué te gustaría invertir el dinero que ahorres?
—Me gustaría comprar la ropa para el arbitraje o me compraría un piso.

—¿Qué opinas de las actividades que se realizan en el ISL Valencina?
—Me gusta mucho que en el centro nos ayuden y aprendamos tanto. Hacemos muchas cosas y espero que siga siendo así.

Houda: “Aprendí a cocinar paellas y a hablar español en un curso en el que me apuntó el centro”

—¿Habías cocinado antes de participar en este concurso?
—Sí, en el centro nosotras hacemos la comida para la semana con las educadoras y aprendemos a cocinar. Me gusta mucho cocinar.

—¿Dónde has aprendido a preparar una paella?
—En un curso en el que me apunto el equipo del centro. Los fines de semana, a veces, también hacemos paellas en el centro para comer, de pollo, marisco o verduras.

—¿En ese curso aprendiste a cocinar recetas típicas españolas?
—Sí, a cocinar y a hablar español.

—¿Qué tienes pensado hacer con tu parte del premio?
—Dentro de poco cumplo 18, por lo que ese dinero lo utilizaré para algo importante cuando cumpla la mayoría de edad o lo ahorraré.

—¿Quieres añadir algo más?
—Sí, agradecer al centro de Valencina y al Ayuntamiento de Gines la oportunidad que nos han dado de participar en una actividad así.

Fundación SAMU refuerza la atención a menores migrantes en Ceuta

Ante las nuevas llegadas de niños migrantes a Ceuta desde la primera semana de febrero, Fundación SAMU ha puesto en marcha la Operación Ceuta 2024 con el objetivo de reactivar infraestructuras de acogida y reforzar el dispositivo de atención a menores existente en la ciudad autónoma.

El dispositivo tuvo su origen en las jornadas del 9 y 10 de febrero, viernes y sábado, coincidiendo con el paso de la borrasca Karlotta por la ciudad. En un escenario de reducción de la vigilancia costera por parte de las Fuerzas de Seguridad Marroquíes a causa de las condiciones metereológicas adversas, al menos 102 personas migrantes, 40 de ellos menores de edad, entraron irregularmente en la ciudad.

La inmensa mayoría logró acceder a la localidad española norteafricana a nado bordeando el espigón fronterizo del Tarajal, aunque también se registraron intentos de cruce del vallado terrestre.

Cuarenta de los más de cien inmigrantes a los que atendió el Equipo de Respuesta Inmediata ante Emergencias (ERIE) de Inmigración de la Cruz Roja de Ceuta eran menores de edad, que fueron acogidos en el centro La Esperanza, titularidad del Servicio de Protección a la Infancia de la Administración local y gestionado por Fundación SAMU.

Ante la situación de sobreocupación de este centro, Fundación SAMU se puso manos a la obra para reactivar las instalaciones de Triana, un segundo centro de acogida situado en la zona norte de la localidad.

Desde esas primeras horas, más de una veintena de profesionales de la entidad se afanaron en las tareas de logística y reactivación de las infraestructuras del nuevo centro para acoger hasta 40 menores migrantes sin referentes familiares: reforma de los cuartos de baño, zonas comunes y espacios de descanso; revisión de fontanería y electricidad; habilitación de un espacio de recreo; limpieza de los alrededores; instalación de módulos auxiliares y medidas contra incendios, entre otras labores.

En paralelo a estas actuaciones, Fundación SAMU inició un proceso de selección de profesionales para cubrir las necesidades del centro reclutando perfiles de educador social; trabajador social y especialistas en integración sociolaboral, atención psicológica o servicios generales, entre otros.

Tras 15 días de trabajo, ya en la última semana de febrero, el centro Triana ya estaba preparado para recibir la inspección del Área de Menores de la Ciudad Autónoma de Ceuta como paso previo a su puesta en marcha y al traslado de menores alojados en La Esperanza.

Fundación SAMU ha trabajado en la atención y cuidado de menores migrantes sin referentes familiares en Ceuta desde la crisis migratoria de 2021, una de las mayores de la historia reciente de la Ciudad Autónoma. Entre el 17 y el 18 de mayo de ese año, más de 12.000 personas irrumpieron en la ciudad. Al menos 1.500 (aunque pudieron ser muchos más) eran niños y niñas.

SAMU estuvo en primera línea de aquella crisis desde el primer minuto, y llegó a atender a casi un millar de niños en tres recursos: Piniers, El Tarajal y Santa Amelia. Meses después, la fundación pasó a encargarse de La Esperanza, el centro que sigue hoy operativo con más de una veintena de profesionales.